Madres perfectas… ¿¿¿¿En serio????

Siento decepcionarte, pero no hay madres perfectas. No las hay igual que no hay personas perfectas. Pero sinceramente, esto es una cosa que no me preocupa, porque si fuéramos perfectos el mundo sería un absoluto aburrimiento.

¿Por qué no existen madres perfectas? porque no hay madres que no se enfaden, que no griten, que no se desesperen en algún momento, que se acuerden de todo siempre, siempre, siempre…

A veces nuestra obsesión porque todo esté perfecto, por auto-exigirnos llegar a todo, hace que pongamos en riesgo nuestra salud física y emocional.

¿Has oído hablar del síndrome de Burnout? Suele aplicarse al ámbito laboral. El significado de esta palabra, me parece bastante duro. Más si pensamos en su interpretación, ya que traducido del inglés significa agotamiento, astenia, fatiga, incluso recalentamiento, quemarse o consumirse. Viene a definirse también como síndrome del trabajador consumido, o de la cabeza quemada… Suena muy mal ¿a que si?

El término surgió por primera vez en 1974 por Herbert Freudenberger, psicólogo estadounidense, y es un concepto que se asoció principalmente al ámbito laboral, como una respuesta del organismo a los factores estresantes emocionales e interpersonales que se presentan en el trabajo, que incluye fatiga crónica, ineficacia y negación de lo ocurrido.

La población con mayor riesgo para sufrir este síndrome se dedujo que eran: personal sanitario, docentes, tele operadores, personal de las fuerzas armadas… En definitiva, profesiones con alto nivel de estrés, de horas de trabajo, o de sobre carga de trabajo.

¿Qué relación tiene esto con las madres? pues muy sencillo, si lo relacionamos con el ámbito privado o familiar, nos encontramos con que hay muchas mujeres, madres, que han padecido o padecen este síndrome, no solo con motivo de su trabajo fuera de casa, sino con su trabajo dentro del hogar familiar, con la acumulación de responsabilidades, que muchas veces, nos imponemos nosotras mismas, cuando deberíamos aprender a delegar en ciertos aspectos.

Tanto si son madres que trabajan fuera de casa como si no, “gracias” a la sociedad tan crítica que tenemos y a las propias auto exigencias, incluso los juicios o las reprobaciones de unas madres hacia otras, hacen que las mujeres queramos parecer perfectas, que somos capaces de llegar a todo, de tener a nuestros hijos perfectos, con la educación perfecta, el trabajo perfecto, la casa perfecta…

¿No has tenido a veces la sensación de falta de control, de sobre carga de tareas que parecen no tener fin, de sentir que siempre te levantas cansada, de no tener espacio para ti misma?

Igual te estás presionando demasiado. Quizá ha llegado el momento de delegar tareas, de quererte un poquito más y preocuparte un poquito menos, de no arriesgarte a acabar desmejorada físicamente y “quemada” emocionalmente.

Así que deja de angustiarte por ser esa madre perfecta que tantas veces nos venden en los medios de comunicación o revistas o las propias madres, y permítete conciliar mejor, porque conciliar es:

  • Permitirte enfadarte alguna vez, porque nadie dice que sea malo, siempre que sepas gestionarlo y lo tengas controlado.
  • Permitirte equivocarte, porque de los errores siempre se aprende algo bueno.
  • Permitirte pedir ayuda cuando la necesites, porque no es vergonzoso reconocer que no llegas a todo siempre.
  • Permitirte decir “no” a algo, porque seguramente estarás diciendo “sí” a tu salud.
  • Permitirte tiempo para ti, porque cuando construyas un lugar sano y pacífico dentro de ti, seguro que tu vida te resultará más feliz.
  • Y sobre todo, permitirte fortalecer tu capacidad de disfrutar de la maternidad, de tu vida personal, y de tu trabajo.
Editado a través de Canva
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“La vida no te está esperando en ninguna parte, te está sucediendo”.- Chandra Mohan Jain

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5 comentarios en “Madres perfectas… ¿¿¿¿En serio????

  1. Efectivamente, hay madres o mujeres en general, que por no delegar, toman el mundo sobre sus hombros y el estrés las consume.
    Es ahí cuando la frase: “Vive tu vida y disfrútala, pues no saldrás vivo de ella”, tiene gran valor y relevancia.

    1. Pues sí. Pero muchas veces, el no saber, querer o poder delegar responsabilidades, viene por las costumbres y mentalidades patriarcales que arrastramos de tiempos inmemoriales, y lo que cuesta, es cambiar esa mentalidad.

      Gracias por tu aportación y encantada de que leas mi blog.

      Un saludo

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